Otro sábado de otoño en Zaragoza. Tras el cristal de mi balcón observo la lluvia que parece no tener fin. El gris, la melancolía y el frío inundan la calle, la ciudad, la tarde. Dentro, en la habitación, apuro el primer café de lo que será una larga sobremesa con la mente, como no, en otro tiempo y en otro lugar. Recuerdos de cadiera, brasero y chimenea, de conversaciones vanas y despreocupadas, de tiempos mejores y paisajes crudos pero bucólicos. El café, el tercero, quizás el cuarto, da paso a la primera cerveza y aterrizo de nuevo en el sofá. Sigue, por supuesto, lloviendo. Dos discos me acompañan en mi vuelta a la realidad. Hoy no apetece salir, me lo dicen las incesantes gotas que golpean el cristal. Sofá, manta y radiador. Más cervezas. Tal vez, tras la cena, una película pendiente acabe de matar la noche. Mientras sigo escuchando "Tormenta y Mezcal" y " Ghosts", una y otra vez, y entre trago y trago, etiqueto estos dos discos: "Discos para días de lluvia". Y vuelvo a viajar, lejos, muy lejos, a otoños mejores de lluvias felices.
Rebeca Jiménez - Aerolíneas Argentinas (La chica que creíste imaginar)
Encontré tu neceser de Aerolíneas Argentinas
y una nota que dejaste en la cocina
"Cuídate yo estaré bien y no bebas demasiado,
me gustó mucho dormir a tu lado"
Quizá me lo he inventado otra vez,
quizá no supe bien donde apunté.
He dejado pistas faltas en tu boca
aunque tú no me besaras porque hay otra.
Atrévete a salir un poco más de tu cabeza
Diviértete, arriesga un poco más.
Ahora veo Buenos Aires desde arriba,
te creé por lo que creo y te creía.
Paseando por San Telmo el otro día
tú me hablas de energía,
y yo sólo la perdía.
Ya sé que te he inventado otra vez,
ya sé que apunto raro, qué le voy a hacer.
Yo he dejado pistas falsas en tu boca
aunque tú no me besaras porque hay otra.
Atrévete, a salir un poco más de tu cabeza.
Diviértete, arriesga un poco más.
Y entérate, yo si soy la chica que creíste (quisiste) imaginar.
Trogloditas (sin Loquillo), presentaban hace pocos días su nuevo vídeo, "Siempre Libres". Yo, personalmente, hecho de menos a José María Sanz en la canción, pero nadie puede discutir que estamos ante una canción grandiosa:
Trogloditas - Siempre Libre
Si tuviese que elegir una canción, sólo una, de todo el repertorio de "El Loco" no tendría duda alguna de que esta canción y no otra sería la elegida. Y es que, escuchar y habar de "Siempre Libres" es retornar a una época donde todo parecía mucho más fácil.
Corría el año 89 (¡Pufff!, tiemblo sólo de pensarlo) y acababa de pasar uno de los peores años de mi vida; ese año perdido "por la patria", en un cuartel haciendo no sé que coño y tirando por la borda 365 días entre cigarros, cervezas, uniformes y estúpida disciplina militar. Poco queda de esa época en la memoria; por perdidos doy incluso los recuerdos.
Queda, porque siempre queda, el vago recuerdo de las pocas amistades que se pudieron hacer (de esas que durarían para toda la vida por el periodo infinito de cuatro o cinco meses más y dos cartas llenas de faltas de ortografía) y esa última comida que acabó en el andén de la estación entre abrazos, despedidas y alguna que otra fugaz lágrima.
Todavía no habíamos perdido esa inocencia infantil (no, la mili, no hacía hombres, si acaso, mataba niños), esas ganas de comerse el mundo que te daba el descaro adolescente, esa chulería innata de alguien que todavía cree que el mundo es un lugar feliz. No, todavía teníamos sueños por cumplir y un largo camino por recorrer.
Por eso, alguien, durante esa comida, tuvo la brillante idea de acercarse con el CD en la mano al camarero que pedirle que pusiera (creo que todavía no se decía "pinchar") la pista 7 del CD 2. Desde ese preciso momento, desde que todos nos pusimos a berrear o intentar algo parecido al canto, "Siempre Libres" se convirtió en el himno oficial de ese reemplazo que se decía adiós y que juraba tener las ideas y el futuro en sus manos. Sí, éramos intocables, invencibles y por fin libres:
Ya desde el colegio tuve siempre que aguantar alguien cerca mío para hacerme recordar todos mis deberes desde aquel mi rincón para imponerlos por la fuerza o la razón.
Cuando el film se venga abajo Johnny recuérdame.
Con el tiempo a golpes ellos me hicieron crecer cogí la guitarra como quien podía haber cogido el revólver de tener más valor o, simplemente, menos sentido del humor.
Cuando el film se venga abajo. Johnny recuérdame: Siempre libre, siempre libre.
Y hoy me he descubierto como aquel lobo que soy, ladrón en tu mundo, anarquista de salón, para mantenerme para siempre en libertad sea a costa tuya o de la sociedad.
Cuando el film se venga abajo...
Puedes reprocharme mi sinceridad suele consolarte falsa solidaridad crecí a golpes para mi ingenua imaginación ya desde pequeño me hicisteis como soy.
Cuando el film se venga abajo...
Así si algún día ves tu mundo estallar yo, probablemente, nunca te vaya a ayudar no me creo mundos ni causas que quemar nada que me ate, para siempre en libertad.
Hoy escucho la canción con sabor agridulce. Supongo, y ójala me equivoque, que pocos han conseguido ser todo aquello que se prometieron. El futuro, cuando se hace presente, golpea bien, y la realidad es una fulana rencorosa que parece siempre tenertela guardada. Si volviera a aquel día (Dios, si pudiera volver), volvería con el disco a pedirle al camarero la pista 7 del CD 2, pero esta vez, mirando de frente a los días venideros, me conformaría con que me dejaran ser moderadamente feliz...
La de disgustos que nos habríamos ahorrado.
Batallitas del "Abuelo Cebolleta" que te vienen a la mente con los primeros acordes de una canción. Ya ves, ¡Qué estupidez!